el lujo de viajar ppor el meditarreneo a bordo del Ritz-Carlton Yacht Colletion.

A bordo del Ritz-Carlton Yacht Collection: lujo, libertad y elegancia en alta mar



A bordo del Ritz-Carlton Yacht Collection: lujo, libertad y elegancia en alta mar

El día comienza suave: bajo un cielo claro en la pista privada, un Rolls‑Royce Phantom avanza con discreción hasta el jet privado del pasajero. La rutina de viaje se convierte en ceremonia: maletas engalanadas con etiquetas de piel, un mayordomo esperando al pasajero y ofreciendo una copa de champán mientras se pulsa el botón para cerrar la puerta. El trayecto final, de pistas al muelle imperial, culmina con la vista del mega‑yate Evrima, perteneciente al Ritz-Carlton Yacht Collection. Esa promesa de exclusividad es solo el preámbulo de una experiencia que redefine el concepto de vacaciones de lujo en altamar.

Un diseño pensado como residencia vintage

El Evrima, de 190 metros de eslora y capacidad para 298 pasajeros, ofrece una sensación íntima no común en cruceros tradicionales. Sus 149 suites, cada una con terraza privada, se diseñaron con vocación residencial: espacio generoso por pasajero, ventanales panorámicos al mar y decoración minimalista con influencias de residencias Ritz‑Carlton en Miami y Los Ángeles.

Los interiores fueron ideados por Tillberg Design (Suecia) y un único director creativo, garantizando una atmósfera coherente y fluida en los diez niveles del barco. Desde la cubierta de observatorio con helipuerto hasta los salones principales y área de spa, cada rincón se respira con la misma elegancia relajada que caracteriza a la icónica marca.

Mayordomos y gastronomía de nivel mundial

Desde el momento en que pones el pie en la cubierta, una “Lady or Gentleman” —miembro del personal por pasajero— está disponible para anticipar tus preferencias y asegurar que la experiencia sea fluida y personal . Cada suite cuenta incluso con un concierge individual, con acceso directo a servicios desde cenas gourmet hasta excursiones privadas.

La oferta culinaria es un viaje en sí misma: cinco restaurantes de enfoque diverso, incluido el S.E.A. —dirigido por el chef con tres estrellas Michelin Sven Elverfeld— y un sushi bar de alta gama. Además, el servicio de habitaciones 24 horas asegura que nunca haya momento equivocado para degustar un plato exclusivo.

Vida a bordo: libertad con propósito

El yate integra una plataforma marina desplegable que permite acceder directamente al mar para nadar, hacer kayak o paddleboarding. Esto marca la diferencia frente a cruceros tradicionales: cada itinerario se diseña con escalas largas y opciones variadas —desde playas escondidas hasta ciudades vibrantes—, en lugares que solo un yate de tamaño medio puede alcanzar.

Si buscas desconexión total, los espacios “living room” y numerosos rincones tranquilos garantizan privacidad. Según testimonios, incluso con casi 300 invitados a bordo, nunca se siente hacinado; la experiencia evoca más la de una residencia flotante que la de un crucero masivo .



Bienestar, cultura y aventuras a la carta

El spa es otra pieza central: con tratamientos interiores y al aire libre, gimnasio y suites de belleza, refleja el espíritu Ritz‑Carlton de indulgencia relajada. Además, el programa Shore Collection ofrece excursiones cuidadosamente seleccionadas: desde explorar viñedos en Burdeos hasta tours culturales íntimos, pasando por experiencias culinarias regionales.

Cada destino se convierte en una oportunidad de conexión profunda, gracias a guías locales, actividades autóctonas y alternativas diseñadas por expertos.

Navegar con propósito: boutique cruising reinventado

El Ritz-Carlton Yacht Collection representa una transformación del concepto de crucero. En lugar de rutas fijas y entretenimiento genérico, esta experiencia propone itinerarios únicos de 7 a 10 noches, gestionados para ofrecer autenticidad, recogimiento y sofisticación.

Con el lanzamiento de Ilma en 2024 y Luminara en 2025 —el último con 452 pasajeros y múltiples piscinas, terraza y zona de entretenimiento— la marca reafirma su apuesta: no solo por el lujo tradicional, sino por una sofisticación contemporánea más variada y emotiva.

Una travesía emocional: de salida a regreso

Volvamos a la cubierta del muelle. El yate se separa del muelle con un murmullo suave, dejando atrás la costa. Las primeras luces de la tarde juegan con la cubierta, reflejando en linos blancos y terciopelos la promesa de momentos compartidos: cenas con vista al atardecer, conversaciones íntimas bajo estrellas sin contaminación lumínica, mañanas en la terraza privada sintiendo la brisa marina.

Durante la travesía, uno recorre tres cubiertas salpicadas de salones, la biblioteca con vistas, el spa efervescente. Por la noche, las bajadas logran que la plataforma marina se use como escenario flotante. El espectáculo no es musical: es mudo, puro, visual. El mar calmado refleja un hogar momentáneo, un refugio de confort absoluto.

Cuando finalmente atracamos, el glamour ya no es ostentación, sino elegancia vivida. Bajas al muelle lentamente, como sobre la pasarela de una vida diseñada. El Rolls-Royce te espera; esa frialdad metálica que te conduce de regreso a tierra firme. El yate se retira al horizonte, insistiendo en mantener intacto el recuerdo de una semana en la que el lujo fue libertad, forma y experiencia.



by Diurán Salazar

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