Dolce & Gabbana Alta Sartoria en Roma: entre historia, devoción y sastrería divina

Dolce & Gabbana Alta Sartoria en Roma: entre historia, devoción y sastrería divina
La Alta Sartoria masculina de Dolce & Gabbana ha redefinido lo que significa fusionar lujo y cultura: su reciente desfile en Ponte Sant’Angelo, con el Castillo de Sant’Angelo como telón, fue una ceremonia visual sobre poder, fe y patrimonio. Más que un evento, fue un manifiesto de identidad y excelencia.
Escenario que emociona
La pasarela se tendió sobre el mítico Ponte Sant’Angelo, custodiada por los ángeles de Bernini. Al fondo, el imponente Castel Sant’Angelo, antiguo mausoleo del emperador Adriano y residencia papal, creó una atmósfera cargada de simbolismo. Esta ubicación fue elegida no por casualidad, sino para revelar cómo la tradición religiosa romana nutre el universo creativo de la marca.
Narrativa teatral y orgullo italiano
Dolce & Gabbana presentó la colección como una procesión teatral: modelos con sotanas rojas, capas pluviales, estolas y mantos cardenalicios se desplegaron por el puente al ritmo del atardecer. La dirección creativa evocó un conclave visual: vestimentas litúrgicas reinterpretadas con lujo, bordados dorados y simbolismo sacro.
El espectáculo incluyó una secuencia ceremonial, y el desfile culminó con una lluvia de fuegos artificiales sobre el río Tíber, elevando la experiencia a dimensiones casi místicas.
Alta costura masculina como liturgia visual
La inspiración provino directamente del armario papal: dalmáticas, capas pluviales, trajes cardenalicios reinterpretados en cortes contemporáneos. Bordados en hilo de oro, cristales incrustados y brocados elaborados traducían devoción en sastrería. Un bodice escultórico dorado, con incrustaciones de cristales, evocaba armadura ceremonial; otra pieza destacada: un corpiño con la cara de San Pedro apareciendo como mármol cincelado, reflejando la maestría artesanal clásica de la marca.
Cada prenda se diseñó como una reliquia contemporánea. Los cortes estructurados—doble botonadura, solapas rígidas, tejidos de mohair, cachemir y seda— fueron reinterpretaciones de la sastrería con herencia papal. Incluso se incorporaron fragmentos de paños litúrgicos reales en algunas chaquetas, fusionando arqueología textil con lujo hecho a mano.

Espectáculo, legado y ausencia
Este desfile es un tributo a la tradición italiana, pero también contó con un matiz emocional profundo: Stefano Gabbana, quien se fue temprano para estar con su madre enferma, un recordatorio sutil de los ritmos más profundos de la vida debajo de la superfice dorada de la moda.
Artesanía que honra un período histórico
La Alta Sartoria no solo narró fe; celebró la artesanía de Italia. El uso de Técnicas como filigrana en hilo metálico, perlas, incrustaciones de latón y bordado manual revelaron la maestría de talleres ancestrales. Cada puntada fue un acto de memoria y pertenencia cultural.
La colección reafirmó el compromiso de la marca con el Made in Italy: cada pieza es única, hecha a mano y pensada para un cliente que valora la historia, el legado y la impecable técnica.
Lujo personalizado y retorno al origen
La Alta Sartoria, al ser una “costura a medida“ , se posiciona como un nicho fuerte, especialmente con el interés de mercados como Oriente Medio, Asia y Europa del Este. Las prendas se convierten en “piezas de conversación” sobre la moda y sobre Italia misma.
El evento se interpretó como un retorno a los orígenes, al lugar y al ritual, algo que muchas marcas de lujo buscan en un mercado dominado por la velociadad y los algoritmos.
Conclusión: moda como testimonio de fe
La Alta Sartoria para hombre en Roma no fue un evento comercial: fue una experiencia inmersiva que fusionó arquitectura romana, devoción religiosa y alta costura. Fue una lección magistral de cómo el lujo puede ser una narrativa vivida, consciente de su herencia cultural.
Con ausencia, teatralidad y maestría artesanal, la colección reafirma que el verdadero lujo no solo se lleva: se siente. Dolce & Gabbana mostró que la moda puede ser religión, historia y arte. Un desfile que emociona, arrebatado en su riqueza simbólica y humano en su fragilidad revelada.
by Diurán Salazar